El singularmente lúcido y mordaz Santiago Lorenzo (Portugalete, 1964) sigue incrédulo el éxito interminable de Los asquerosos (200.000 ejemplares desde el 2018). «Todavía me pregunto qué está pasando con ese libro», dice con su voz de escalera helicoidal por la que subes despacio sin saber dónde vas a llegar.

De eso habló el jueves en el Edificio Caja Rural de Aragón de Zaragoza, durante la presentación de su nuevo libro «Tostonazo» organizada por la Librería Cálamo de la capital aragonesa, conversando con el humorista y pintor José Luis Cano.

La popularidad no le pesa al escritor que «primero miró, luego observó, después filmó y ahora escribe» la compensa viviendo en una aldea de Segovia «de 17 personas». ¿Son 23 o 17 habitantes?, que bailan las cifras que leo. «El año pasado murió uno y aquí con que se muera uno la demografía sufre un descalabro», me sitúa. «Aquí el censo se hace de memoria… Y a mí el otro día me salían 17. Pero es posible que en este momento se esté escapando uno que se creía que iba a ser muy feliz aquí y al que se le cae el mundo encima de soledad», piensa. ¿Uno de esos que se fueron al pueblo en plena pandemia idealizando, sin conocer el percal?

«Por ejemplo… El campo está bien idealizarlo un poco; se idealiza también desde el campo la ciudad. Se idealiza todo todo el tiempo, ¡lo cual está muy bien! Idealizar es un impulso», considera este Valle-Inclán que en Tostonazo (en el top-ventas de las librerías independientes de España) nos lleva al callejón del apasionado cine de justo presupuesto, unos años atrás, a la misión imposible de producir una película pilotada por uno de esos tipos infames que suelen mandar en el cotarro en todas partes con el poderío ignorante de su mediocridad.