​El pasado viernes el «Ónix Dúo», formado por los músicos aragoneses Ana Mínguez (órgano) y Darío Puyuelo (oboe), protagonizó la segunda actuación del Ciclo Internacional de Órgano de Torreciudad. Unido al festival Clásicos en la Frontera, el Ciclo cuenta con la colaboración de la Fundación Caja Rural de Aragón y el Ayuntamiento de Secastilla.

«Elegimos este nombre para el dúo —explicaron antes del concierto— porque el ónix es un mineral de color negro, y tanto el oboe, que es de ébano, como el mueble del piano de cola y las teclas de los manuales de muchos órganos, también lo son. Además, es un nombre fácil de pronunciar en varios idiomas, y tenemos vocación internacional».

Los dos jóvenes zaragozanos seleccionaron para su actuación un repertorio del siglo XIX en adelante, «porque el órgano de Torreciudad es un órgano sinfónico y, por otra parte, a nosotros nos gusta mucho elegir obras de compositores que están en activo y buscar piezas diferentes, que amplíen el repertorio que se interpreta habitualmente». El programa incluyó obras de Rondeau, Franck, Litaize y Hakim.

Ana Mínguez es presidenta de la Asociación del Órgano en Aragón (AORA), y al terminar la actuación aprovechó para subrayar la importancia de este instrumento y su peso específico en nuestra comunidad autónoma: «El órgano es un instrumento maravilloso por las grandes posibilidades que ofrece. Y Aragón es una tierra que cuenta con un gran patrimonio de órganos históricos que son joyas formidables, aunque en ellos solo se puede tocar un repertorio muy específico. A nivel sinfónico, sólo tenemos el órgano del Pilar y el de Torreciudad. Por eso, como organista aragonesa, haber tenido la oportunidad de tocar en un órgano sinfónico «en casa» y con un repertorio adecuado, para mí ha sido un auténtico lujo».

«Por otro lado —ha destacado—, el santuario tiene una acústica estupenda que ayuda mucho a los intérpretes, el auditorio es espectacular. En algunas iglesias, el problema de la reverberación hace muy complicado tocar. A medida que íbamos ensayando, cada vez nos sentíamos más cómodos, y en el concierto hemos estado muy a gusto con la acústica y con las posibilidades del órgano».

«A mí me ha hecho especial ilusión tocar en Torreciudad —ha explicado Darío—, porque es un lugar que conozco desde pequeño: mi padre nació en Enate y mi hermana vive en Barbastro, y algunos fines de semana íbamos a ver a mi tía y subíamos al santuario. Poder tocar aquí, mientras mi familia me estaba escuchando, me ha traído muy buenos recuerdos. Además, hemos subido a la torre, hemos conocido muchos rincones del edificio… Es distinto venir como visitante o participar como hoy de una forma más activa, me he sentido un auténtico privilegiado».

Ana también ha señalado su satisfacción de que los festivales que llevan años realizándose en Aragón, tras el parón de la pandemia, hayan vuelto a resurgir y continúen su andadura. Y Darío ha querido ponderar la actitud del público asistente durante todo el concierto: «el silencio ha sido extraordinario, no ha habido toses, no han sonado los teléfonos móviles… Todo invitaba de verdad a escuchar la música, y a nosotros, a tocarla dando lo mejor de nuestra capacidad artística».

PRÓXIMO CONCIERTO

El próximo viernes, día 19, a las 19:00 h. actuará la agrupación «Järvi Instrumentalists», formada por Mari Järvi (órgano), Ingely Laiv-Järvi (oboe), Marius Järvi (violonchelo) y Miina Järvi (violín). Se trata de una dinastía familiar estonia, los Järvi, de amplia y arraigada tradición musical. Su repertorio combina los clásicos barrocos centroeuropeos con sugestivas propuestas de compositores nórdicos del siglo XX, entre ellas «Vibraciones en el aislamiento», obra de otro músico de la saga Järvi.​

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